febrero 14, 2007



Aquí les dejo algo de H.P. Lovecraft, espero y les resulte ameno... pongo esto a falta de algo ejor y por mi retiro piterario temporal...

El extraño
[Cuento. Texto completo]

H.P. Lovecraft

Infeliz es aquel a quien sus recuerdos infantiles sólo traen miedo y tristeza. Desgraciado aquel que vuelve la mirada hacia horas solitarias en bastos y lúgubres recintos de cortinados marrones y alucinantes hileras de antiguos volúmenes, o hacia pavorosas vigilias a la sombra de árboles descomunales y grotescos, cargados de enredaderas, que agitan silenciosamente en las alturas sus ramas retorcidas. Tal es lo que los dioses me destinaron... a mí, el aturdido, el frustrado, el estéril, el arruinado; sin embargo, me siento extrañamente satisfecho y me aferro con desesperación a esos recuerdos marchitos cada vez que mi mente amenaza con ir más allá, hacia el otro.

No sé dónde nací, salvo que el castillo era infinitamente horrible, lleno de pasadizos oscuros y con altos cielos rasos donde la mirada sólo hallaba telarañas y sombras. Las piedras de los agrietados corredores estaban siempre odiosamente húmedas y por doquier se percibía un olor maldito, como de pilas de cadáveres de generaciones muertas. Jamás había luz, por lo que solía encender velas y quedarme mirándolas fijamente en busca de alivio; tampoco afuera brillaba el sol, ya que esas terribles arboledas se elevaban por encima de la torre más alta. Una sola, una torre negra, sobrepasaba el ramaje y salía al cielo abierto y desconocido, pero estaba casi en ruinas y sólo se podía ascender a ella por un escarpado muro poco menos que imposible de escalar.

Debo haber vivido años en ese lugar, pero no puedo medir el tiempo. Seres vivos debieron haber atendido a mis necesidades; sin embargo, no puedo rememorar a persona alguna excepto yo mismo, ni ninguna cosa viviente salvo ratas, murciélagos y arañas, silenciosos todos. Supongo que, quienquiera que me haya cuidado, debió haber sido asombrosamente viejo, puesto que mi primera representación mental de una persona viva fue la de algo semejante a mí, pero retorcido, marchito y deteriorado como el castillo. Para mí no tenían nada de grotescos los huesos y los esqueletos esparcidos por las criptas de piedra cavadas en las profundidades de los cimientos. En mi fantasía asociaba estas cosas con los hechos cotidianos y los hallaba más reales que las figuras en colores de seres vivos que veía en muchos libros mohosos. En esos libros aprendí todo lo que sé. Maestro alguno me urgió o me guió, y no recuerdo haber escuchado en todos esos años voces humanas..., ni siquiera la mía; ya que, si bien había leído acerca de la palabra hablada nunca se me ocurrió hablar en voz alta. Mi aspecto era asimismo una cuestión ajena a mi mente, ya que no había espejos en el castillo y me limitaba, por instinto, a verme como un semejante de las figuras juveniles que veía dibujadas o pintadas en los libros. Tenía conciencia de la juventud a causa de lo poco que recordaba.

Afuera, tendido en el pútrido foso, bajo los árboles tenebrosos y mudos, solía pasarme horas enteras soñando lo que había leído en los libros; añoraba verme entre gentes alegres, en el mundo soleado allende de la floresta interminable. Una vez traté de escapar del bosque, pero a medida que me alejaba del castillo las sombras se hacían más densas y el aire más impregnado de crecientes temores, de modo que eché a correr frenéticamente por el camino andado, no fuera a extraviarme en un laberinto de lúgubre silencio.

Y así, a través de crepúsculos sin fin, soñaba y esperaba, aún cuando no supiera qué. Hasta que en mi negra soledad, el deseo de luz se hizo tan frenético que ya no pude permanecer inactivo y mis manos suplicantes se elevaron hacia esa única torre en ruinas que por encima de la arboleda se hundía en el cielo exterior e ignoto. Y por fin resolví escalar la torre, aunque me cayera; ya que mejor era vislumbrar un instante el cielo y perecer, que vivir sin haber contemplado jamás el día.

A la húmeda luz crepuscular subí los vetustos peldaños de piedra hasta llegar al nivel donde se interrumpían, y de allí en adelante, trepando por pequeñas entrantes donde apenas cabía un pie, seguí mi peligrosa ascensión. Horrendo y pavoroso era aquel cilindro rocoso, inerte y sin peldaños; negro, ruinoso y solitario, siniestro con su mudo aleteo de espantados murciélagos. Pero más horrenda aún era la lentitud de mi avance, ya que por más que trepase, las tinieblas que me envolvían no se disipaban y un frío nuevo, como de moho venerable y embrujado, me invadió. Tiritando de frío me preguntaba por qué no llegaba a la claridad, y, de haberme atrevido, habría mirado hacia abajo. Se me antojó que la noche había caído de pronto sobre mí y en vano tanteé con la mano libre en busca del antepecho de alguna ventana por la cual espiar hacia afuera y arriba y calcular a qué altura me encontraba.

De pronto, al cabo de una interminable y espantosa ascensión a ciegas por aquel precipicio cóncavo y desesperado, sentí que la cabeza tocaba algo sólido; supe entonces que debía haber ganado la terraza o, cuando menos, alguna clase de piso. Alcé la mano libre y, en la oscuridad, palpé un obstáculo, descubriendo que era de piedra e inamovible. Luego vino un mortal rodeo a la torre, aferrándome de cualquier soporte que su viscosa pared pudiera ofrecer; hasta que finalmente mi mano, tanteando siempre, halló un punto donde la valla cedía y reanudé la marcha hacia arriba, empujando la losa o puerta con la cabeza, ya que utilizaba ambas manos en mi cauteloso avance. Arriba no apareció luz alguna y, a medida que mis manos iban más y más alto, supe que por el momento mi ascensión había terminado, ya que la puerta daba a una abertura que conducía a una superficie plana de piedra, de mayor circunferencia que la torre inferior, sin duda el piso de alguna elevada y espaciosa cámara de observación. Me deslicé sigilosamente por el recinto tratando que la pesada losa no volviera a su lugar, pero fracasé en mi intento. Mientras yacía exhausto sobre el piso de piedra, oí el alucinante eco de su caída, pero con todo tuve la esperanza de volver a levantarla cuando fuese necesario.

Creyéndome ya a una altura prodigiosa, muy por encima de las odiadas ramas del bosque, me incorporé fatigosamente y tanteé la pared en busca de alguna ventana que me permitiese mirar por vez primera el cielo y esa luna y esas estrellas sobre las que había leído. Pero ambas manos me decepcionaron, ya que todo cuanto hallé fueron amplias estanterías de mármol cubiertas de aborrecibles cajas oblongas de inquietante dimensión. Más reflexionaba y más me preguntaba qué extraños secretos podía albergar aquel alto recinto construido a tan inmensa distancia del castillo subyacente. De pronto mis manos tropezaron inesperadamente con el marco de una puerta, del cual colgaba una plancha de piedra de superficie rugosa a causa de las extrañas incisiones que la cubrían. La puerta estaba cerrada, pero haciendo un supremo esfuerzo superé todos los obstáculos y la abrí hacia adentro. Hecho esto, me invadió el éxtasis más puro jamás conocido; a través de una ornamentada verja de hierro, y en el extremo de una corta escalinata de piedra que ascendía desde la puerta recién descubierta, brillando plácidamente en todo su esplendor estaba la luna llena, a la que nunca había visto antes, salvo en sueños y en vagas visiones que no me atrevía a llamar recuerdos.

Seguro ahora de que había alcanzado la cima del castillo, subí rápidamente los pocos peldaños que me separaban de la verja; pero en eso una nube tapó la luna haciéndome tropezar, y en la oscuridad tuve que avanzar con mayor lentitud. Estaba todavía muy oscuro cuando llegué a la verja, que hallé abierta tras un cuidadoso examen pero que no quise trasponer por temor a precipitarme desde la increíble altura que había alcanzado. Luego volvió a salir la luna.

De todos los impactos imaginables, ninguno tan demoníaco como el de lo insondable y grotescamente inconcebible. Nada de lo soportado antes podía compararse al terror de lo que ahora estaba viendo; de las extraordinarias maravillas que el espectáculo implicaba. El panorama en sí era tan simple como asombroso, ya que consistía meramente en esto: en lugar de una impresionante perspectiva de copas de árboles vistas desde una altura imponente, se extendía a mi alrededor, al mismo nivel de la verja, nada menos que la tierra firme, separada en compartimentos diversos por medio de lajas de mármol y columnas, y sombreada por una antigua iglesia de piedra cuyo devastado capitel brillaba fantasmagóricamente a la luz de la luna.

Medio inconsciente, abrí la verja y avancé bamboleándome por la senda de grava blanca que se extendía en dos direcciones. Por aturdida y caótica que estuviera mi mente, persistía en ella ese frenético anhelo de luz; ni siquiera el pasmoso descubrimiento de momentos antes podía detenerme. No sabía, ni me importaba, si mi experiencia era locura, enajenación o magia, pero estaba resuelto a ir en pos de luminosidad y alegría a toda costa. No sabía quién o qué era yo, ni cuáles podían ser mi ámbito y mis circunstancias; sin embargo, a medida que proseguía mi tambaleante marcha, se insinuaba en mí una especie de tímido recuerdo latente que hacía mi avance no del todo fortuito, sin rumbo fijo por campo abierto; unas veces sin perder de vista el camino, otras abandonándolo para internarme, lleno de curiosidad, por praderas en las que sólo alguna ruina ocasional revelaba la presencia, en tiempos remotos, de una senda olvidada. En un momento dado tuve que cruzar a nado un rápido río cuyos restos de mampostería agrietada y mohosa hablaban de un puente mucho tiempo atrás desaparecido.

Habían transcurrido más de dos horas cuando llegué a lo que aparentemente era mi meta: un venerable castillo cubierto de hiedras, enclavado en un gran parque de espesa arboleda, de alucinante familiaridad para mí, y sin embargo lleno de intrigantes novedades. Vi que el foso había sido rellenado y que varias de las torres que yo bien conocía estaban demolidas, al mismo tiempo que se erguían nuevas alas que confundían al espectador. Pero lo que observé con el máximo interés y deleite fueron las ventanas abiertas, inundadas de esplendorosa claridad y que enviaban al exterior ecos de la más alegre de las francachelas. Adelantándome hacia una de ellas, miré al interior y vi un grupo de personas extrañamente vestidas, que departían entre sí con gran jarana. Como jamás había oído la voz humana, apenas sí podía adivinar vagamente lo que decían. Algunas caras tenían expresiones que despertaban en mí remotísimos recuerdos; otras me eran absolutamente ajenas.

Salté por la ventana y me introduje en la habitación, brillantemente iluminada, a la vez que mi mente saltaba del único instante de esperanza al más negro de los desalientos. La pesadilla no tardó en venir, ya que, no bien entré, se produjo una de las más aterradoras reacciones que hubiera podido concebir. No había terminado de cruzar el umbral cuando cundió entre todos los presentes un inesperado y súbito pavor, de horrible intensidad, que distorsionaba los rostros y arrancaba de todas las gargantas los chillidos más espantosos. El desbande fue general, y en medio del griterío y del pánico varios sufrieron desmayos, siendo arrastrados por los que huían enloquecidos. Muchos se taparon los ojos con las manos y corrían a ciegas llevándose todo por delante, derribando los muebles y dándose contra las paredes en su desesperado intento de ganar alguna de las numerosas puertas.

Solo y aturdido en el brillante recinto, escuchando los ecos cada vez más apagados de aquellos espeluznantes gritos, comencé a temblar pensando qué podía ser aquello que me acechaba sin que yo lo viera. A primera vista el lugar parecía vacío, pero cuando me dirigí a una de las alcobas creí detectar una presencia... un amago de movimiento del otro lado del arco dorado que conducía a otra habitación, similar a la primera. A medida que me aproximaba a la arcada comencé a percibir la presencia con más nitidez; y luego, con el primero y último sonido que jamás emití -un aullido horrendo que me repugnó casi tanto como su morbosa causa-, contemplé en toda su horrible intensidad el inconcebible, indescriptible, inenarrable monstruo que, por obra de su mera aparición, había convertido una alegre reunión en una horda de delirantes fugitivos.

No puedo siquiera decir aproximadamente a qué se parecía, pues era un compuesto de todo lo que es impuro, pavoroso, indeseado, anormal y detestable. Era una fantasmagórica sombra de podredumbre, decrepitud y desolación; la pútrida y viscosa imagen de lo dañino; la atroz desnudez de algo que la tierra misericordiosa debería ocultar por siempre jamás. Dios sabe que no era de este mundo -o al menos había dejado de serlo-, y, sin embargo, con enorme horror de mi parte, pude ver en sus rasgos carcomidos, con huesos que se entreveían, una repulsiva y lejana reminiscencia de formas humanas; y en sus enmohecidas y destrozadas ropas, una indecible cualidad que me estremecía más aún.

Estaba casi paralizado, poro no tanto como para no hacer un débil esfuerzo hacia la salvación: un tropezón hacia atrás que no pudo romper el hechizo en que me tenía apresado el monstruo sin voz y sin nombre. Mis ojos, embrujados por aquellos asqueantes ojos vítreos que los miraba fijamente, se negaban a cerrarse, si bien el terrible objeto, tras el primer impacto, se veía ahora más confuso. Traté de levantar la mano y disipar la visión, pero estaba tan anonadado que el brazo no respondió por entero a mi voluntad. Sin embargo, el intento fue suficiente como para alterar mi equilibrio y, bamboleándome, di unos pasos hacia adelante para no caer. Al hacerlo adquirí de pronto la angustiosa noción de la proximidad de la cosa, cuya inmunda respiración tenía casi la impresión de oír. Poco menos que enloquecido, pude no obstante adelantar una mano para detener a la fétida imagen, que se acercaba más y más, cuando de pronto mis dedos tocaron la extremidad putrefacta que el monstruo extendía por debajo del arco dorado.

No chillé, pero todos los satánicos vampiros que cabalgan en el viento de la noche lo hicieron por mí, a la vez que dejaron caer en mi mente una avalancha de anonadantes recuerdos.

Supe en ese mismo instante todo lo ocurrido; recordé hasta más allá del terrorífico castillo y sus árboles; reconocí el edificio en el cual me hallaba; reconocí, lo más terrible, la impía abominación que se erguía ante mí, mirándome de soslayo mientras apartaba de los suyos mis dedos manchados.

Pero en el cosmos existe el bálsamo además de la amargura, y ese bálsamo es el olvido. En el supremo horror de ese instante olvidé lo que me había espantado y el estallido del recuerdo se desvaneció en un caos de reiteradas imágenes. Como entre sueños, salí de aquel edificio fantasmal y execrado y eché a correr rauda y silenciosamente a la luz de la luna. Cuando retorné al mausoleo de mármol y descendí los peldaños, encontré que no podía mover la trampa de piedra; pero no lo lamenté, ya que había llegado a odiar el viejo castillo y sus árboles. Ahora cabalgo junto a los fantasmas, burlones y cordiales, al viento de la noche, y durante el día juego entre las catacumbas de Nefre-Ka, en el recóndito y desconocido valle de Hadoth, a orillas del Nilo. Sé que la luz no es para mí, salvo la luz de la luna sobre las tumbas de roca de Neb, como tampoco es para mí la alegría, salvo las innominadas fiestas de Nitokris bajo la Gran Pirámide; y, sin embargo, en mi nueva y salvaje libertad agradezco casi la amargura de la alienación.

Pues aunque el olvido me ha dado la calma, no por eso ignoro que soy un extranjero; un extraño a este siglo y a todos los que aún son hombres. Esto es lo que supe desde que extendí mis dedos hacia esa cosa abominable surgida en aquel gran marco dorado; desde que extendí mis dedos y toqué la fría e inexorable superficie de pulido espejo.

febrero 01, 2007

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NUESTRA RELACIÓN TIENE ALGO EXTRAÑO Y ALGO MARAVILLOSO: YO SOY LO EXTRAÑO Y TÚ ERES LO MARAVILLOSO

PERMITE


Permite que esta daga atraviese tu corazón, permite que te arranque mi amor del corazón, permite que saque de entre tus sesos mí sin razón.

Permite que te invite al banquete de mi sangrienta flagelación, goza devorando mi palpitante corazón, déjame invitarte un trago mientras meriendas mis viseras llenas de odio.

Permite que te invite a mi funeral, te concedo el honor de arrojar una flor sobre mi ataúd y de echar el primer puño de tierra que ha de tapar mi hondo penar.

Permite que te dedique una canción, baila despreocupada mi última petición, al final quiero verte dando vueltas, gozando mi prisa de amar.

Permite que los buitres coman de mi cadáver, alimenta los cuervos con mis ojos para no poder mirarte nunca más, cierra para siempre la puerta de tu habitación.

Permite que salga de entre tus piernas, que goce de tu dulce manjar, lava tus culpas en la ducha matutina.

Permite ver la misma cara y la misma gente, permite arrancarme de tu vientre, quítame estas malditas ganas de siempre querer un mismo rumbo y un mismo paso.

Permite que te bese bajo la luna, toma mis cenizas y arrójalas al olvido, que el viento se encargue del resto.

EN SUS MARCAS, LISTOS, FUERA ¡¡¡¡

Y es así como da comienzo una de las batallas más densas jamás luchadas por un servidor, la carrera contra la muerte, cruel destino, si estoy condenado desde que nací.

A lo lejos, muy adentro, en alta mar puedo vislumbrar un barco que navega en dirección a mi puerto, está dañado, un tanto hundiéndose y clamando ayuda y un puerto seguro donde atracar.

En muchas ocasiones me he llegado a preguntar si acaso Dios experimenta conmigo o es la misma existencia la que me pone muros que sortear y personas que evitar, por qué serán así las cosas, en verdad que no lo entiendo.

Hace unas horas caminaba por el campus universitario donde solía estudiar y por la acera de enfrente mire pasar a dos personas. La primera era un amigo de la preparatoria y la segunda una mujer, con la cual compartí unos meses el sendero de la existencia. Cosa rara, por un momento cerré los ojos y recordé algunos de los momentos que compartimos, segundos después me alegré de su actual situación y relación con mi amigo… así pasa con esto de las cosas del amor.

"NO SOY MALA HIERBA, SÓLO HIERBA EN MAL LUGAR"

No me puedo quejar…

Desde que decidí sumergirme en las aguas de la Filosofía siempre había tenido dudas con respecto a si era la elección correcta, pues en ocasiones sentía que me desfasaba mucho de mi propia realidad. Con el paso del tiempo poco a poco fui cayendo en una especie de, como yo le llamo, “caída en el tiempo” y me pude dar cuenta de que no era la Filosofía, era yo el que experimentaba tremendas olas de lucidez y navegaba por tormentosas aguas y cabalgaba a través de las dulces estepas de la existencia. La soledad no era más que una fiel compañera y la angustia otro tanto, tejí coronas de ideas, monté los indómitos corceles de grandes mentes indomadas, eché soga de todo cuanto pude, traté de luchar mil batallas, pero siempre al final había una con la que no podía salir airoso, la lucha mía, la batalla interna, la sodomizante agonía de construir una vida propia, bastarda ironía.

La Filosofía me ha dado lo que no esperaba de ella, ha sido la perra fiel que acude siempre al llamado de su cruel amo, soporta flagelos, caprichos y arrebatos, domina pasiones y encrudece realidades. Encrudeció mi autoconstrucción, en primera instancia me dejo habitarla para derrumbar mi persona, me tomó en sus brazos y me arrullo como la madre al hijo. Ella me ha cuidado en las más ondas amarguras, tentaciones y agonías, tiñó mis días de fatal melancolía, arrasó con todo lo que no tenía ya más nada que ver con mi yo actualizado.

En ocasiones llego a pensar que quienes conviven conmigo o mejor dicho, sobreviven conmigo, se encuentran hartos de tanta palabrería e ideología mía; ¡paciencia os pido¡ es sólo, como diría Aute, “es que este mundo no lo entiendo” y eso es precisamente lo que he tratado de gritar a pulmón abierto todos estos años, quisiera contener dentro de mi limitada entidad al mundo entero, la realidad sería entonces comprendida más no expropiada ni tampoco siento que llegaría a sentirme Dios por conocer el absoluto de la realidad, no podría serlo, necesitaría no tener tal limitación.

En cierto momento he llegado a la conclusión de que no debo sentirme así por las cosas que he vivido o dejado pasar de largo, simplemente encojo los hombros, me ensimismo y tomo una actitud reflexiva, no me queda más. No trato aquí de justificar mi aparente conformidad ante la vida, sino más que nada es una autocrítica dura y certera de mis atroces fatalidades y mis actos incoherentes. No es más que la suma de las situaciones necesarias para la realización del “proyecto” llamado humanidad; éste depende en su totalidad de esos cuestionamientos, de las reflexiones en torno a las situaciones vividas, es ahí donde se da la experimentación como especie, donde supuestamente deberíamos estar ensayando los “métodos” que a final de cuentas nos han de conducir hacia un avance como “proyecto”.

Creo que me ha sucedido lo de siempre, quienes me conocen y tienen la amabilidad de perder un poco de su valioso tiempo escuchándome, sabrán que siempre comienzo hablando de algo y termino hablando de otra cosa que si bien al principio no parece tener relación con lo primero, siempre está ligado al asunto. Este es el caso, comencé hablando de la Filosofía y ya termino dándome una “balconeada”. Pero no importa, retomo ahora un poco de lo que hablaba acerca de lo que la Filosofía ha hecho en mí y en mi manera de concebir el mundo y a las personas. Antes cuando era un puberto, me cuestionaba por muchas cosas, me aniquilaba la idea de una guerra atómica, el hecho de perecer a manos de una bomba de hidrógeno o en un terremoto de proporciones bíblicas me hacía pasar días enteros y por las noches un maldito insomnio.

Yo sabía muy en el fondo aunque tal vez de una manera irracional, que por ahí andaban las respuestas a estas tan angustiantes cuestiones. El primer acercamiento a ella fue por medio de un maestro de Español, quien me recomendó leer algo de Filosofía, Platón y algo de Aristóteles, encontrando en ellos un poco de las múltiples respuestas, pero más que eso, fue sabes que no sólo estaban las respuestas de ciencia, sino que por otro lado se encontraba todo un abanico de posibilidades a partir de la Filosofía y es así como me comencé a interesar en ella; primer fueron los griegos, después me metí en el medioevo y ya casi al final la época moderna con Descartes y compañía. Sin embargo siempre quedaba una muralla infranqueable, algo que era como la piedra en el zapato, ese algo era el lugar del humano dentro de toda esta concepción y explicación del mundo, pues pude darme cuenta que siempre que como especie llegábamos a explicar al mundo, siempre la parte concerniente a nuestra labor y propósito dentro de la misma, nunca quedaba clara y se huía de su explicación hasta que descubrí lo que se conoce como existencialismo, el cual adopté y me he dado a la tarea de sumergirme en sus agitadas aguas y he encontrado no sólo una concepción del mundo, sino de todo cuanto existe, desde un pensamiento hasta mis más crudas ansiedades.

Es mucho lo que he descubierto desde esta perspectiva, pero más que descubrir he llegado a esas situaciones por azares del destino. Creo que me he extendido bastante y como es de esperarse, no he terminado de expresar ni una tercera parte de lo que quería decir, así que tomaré esto como una primera parte de una serie de escritos en los que me daré a la tarea de tratar de explicar un suceso muy importante que ha tenido lugar en estos días. Esto es una despedida temporal…

enero 26, 2007

GRACIAS...

Quiero dar las gracias a los que asistieron a mi pachanga, los que no fueron que culos, salvo los que se dispensaron con un pretexto, los demás ojetees no. Pero ya lo dice mi madre: “los amigos y los maridos por sus hecho son queridos”.

Sucede que se llegó la hora de la cita, nos encaminamos a casa de Zapata para recogerlo, de ahí a la súper casa donde sería la pachanga. Llegamos y bajamos la chompu y todo el merequetembe, conectamos y pusimos música. Las horas corrieron y como por mandato divino y para no faltar al titulo de “chamaqueables”, las damas nunca llegaron, los “amigos” nunca hicieron su triunfal arribo. Y ahí estábamos, Zapata, Neto, Neri y yo aguardando a que el incierto destino hiciera su trabajo.


Para evitar que sucediera lo que sucedió, mandé un correo con la invitación y el croquis una semana antes y a algunos me tomé la molestia de llamarles y a otros los invité personalmente. Lo peor del caso es que hasta el culero del neri nos dejó abajo, aprovechó una salida a la tienda para huir vilmente y nos chamaqueó, nos dejó a nuestra merced. La verdad que el wey me ha dejado colgado unas veces, como aquella de la carne asada que nunca llegó y la de mi cumple y ésta, pero en fin, me remito nuevamente a lo que dice mi madre…

Llegamos de la tienda y el ogete del neri ya se había ido, quedamos pues el zapata, neto y yo. En verdad que no me puedo quejar, me pasé una velada muy chida, escuchando algo de progresivo y charlando sobre Filosofía, tuve oportunidad de expresar lo que ésta me ha dado y mi propia definición así como mi sistema.


Hegel nos sirvió de referencia para poder explicar las fases de la vida y como cada día nos frustramos más ante la inminente llegada de los planes no realizados.

Creo que no debo profundizar más en el tema y me voy a limitar a agradecer a los que estuvieron ahí en lo que es el comienzo de un nuevo trip, una nueva ventana por la cual asomar la cabeza todas las mañanas sin temor a ser vapuleado por las hiedras de la existencia. Gracias Neto y Zapata por no rajar en momentos límites.

enero 12, 2007

MUCHO QUE DECIR Y POCO QUE DORMIR...

¿Semana agitada? No mucho, creo que a pesar de tener que presentar cuatro exámenes finales, denominados ordinarios, ando tranquilo, relajado y hasta un tanto despreocupado, ya pasé tres de cuatro, ahora sólo me queda Metafísica, la cual consta de un repaso general y la Metafísica de Kant y Hegel, aleluya, examen cargado de contenido y de un sentimiento raro por tener que ser escrito y no oral.

En estos días he vivido situaciones un poco fuera de foco, el rompimiento con el grupo cultural, las buenas noticias, el posible gran negocio de este 2007, el conocer gente nueva y para variar, las pruebas… al menos tengo una semana para preparar a Hume, Leibinz, Descartes, Locke y compañía para Historia de la Filosofía moderna y muchos rollos moralistas para Ética y el asqueroso Inglés, que quede claro, odio al idioma más no a mi maestra, la cual me parece un ángel caído a la tierra…

Me retiro por el día de hoy, en verdad que quisiera seguir contando un poco lo que ha sido mi semana pero el sueño me está haciendo su presa y el cansancio por los momentos vividos a la luz de la luna no me dejan disfrutar más la vigilia, a dormir…

GRUPO CULTURAL APAXTEPETL=PROYECTO HUECO

El miércoles nos juntamos en el café uno dos tres para hablar y ponernos de acuerdo acerca del evento que se realizaría en el CERESO con la participación de Grupo Cultural Apaxtepetl, sin embargo y debido a la poca disposición y responsabilidad de algunos de los integrantes hemos decidido, Neto, Neri y yo, abandonar el grupo por así convenir a nuestros intereses y por una profunda decepción…

Se supone que todos los martes estaba establecido que sesionaríamos en el café, sin embargo este martes tuvimos que declarar una sesión extraordinaria para el miércoles debido a que nadie, salvo honrosas excepciones de Citlali, Asustín, Sturk, yo y los que no recuerdo sus nombres, se tomaron el tiempo de asistir. Como siempre todos llegaron tarde, lo cual habla mucho sobre su interés, compromiso, responsabilidad y por sobre todo, lo que considero una ofensa a los demás compañeros, el nefasto egocentrismo y la pose de algunos de los integrantes.

Llegó la hora, Neri, Citlali, Neto, Asustín y yo llegamos a la cita y como siempre, pasó una hora y nadie llegó, por lo que decidimos retirarnos y dejar en el aire la planeación y la presentación en el CERESO. Momentos más tarde nos encontrábamos en un Kiosco echándonos un café y filosofando cuando sonó mi teléfono celular, era Roberto, ex compañero de Filosofía y pseudo rockero con tintes de rock star y ególatra consumado. Quería una explicación y que nos regresáramos al café a organizar de manera expres y a su antojo la presentación, cosa que no me pareció y por obvias razones no volvimos y decidimos separarnos del pseudo grupo cultural. No obstante el poco interés de este personaje en particular por los demás proyectos en puerta y debido a que lo único, al parecer, que le importa es un lugar donde presentarse a tocar puros covers de otras bandas, tiñó de un ambiente de desinterés y echó para abajo todo el evento.

Otro de los personajes que, desde mi punto de vista, no tiene interés ni sabe lo que quiere es Jaime, el pozóle, quien según él, estaba muy interesado en esto, no obstante le interesó más ir de “lamer” al frente juvenil y dejarnos colgados… los demás compañeros igual se salvan, al menos ellos mostraban interés y algo de compromiso.

Lo que e queda un poco confuso es que, desde su perspectiva, querían contribuir al rescate cultural de nuestro estado y a la expresión de todo tipo de cultura, sin embargo anteponen sus fines personales y una vez más la falta de compromiso se hace presente en y hacia el rescate cultural. Que lastima.

Ahora bien, las cosas no paran ahí, de manera abierta invito a todas las personas interesadas en ayudar a una causa que mejor dicho, es una obligación de todos, a colaborar en el evento a realizarse en el Orfanato San José el día tres de Febrero del presente año. Necesitamos gente de staff y colaboradores, así que quedan abiertas las puertas de Grupo Cultural Entelekia. Cualquier comentario, duda o sugerencia pueden comunicarse a: zik_matutero@hotmail.com Gracias.

enero 07, 2007

TÚ ECHALE, QUE AL CABO EL DE ATRAS PAGA... UNA ANALOGÍA SOBRE LA SALSA



Gracias a “BLINDMIND” por tomarse la molestia de leer éste, su blog de confianza y por tomarse la doble molestia de dejar un comentario acerca de lo que aquí se expone.

"Una moda filosófica se impone como una moda gastronómica: se refuta igual una idea que una salsa"

y yo me pregunto, ¿como se refuta una salsa?

Me quedé pensando y mira que no lo hago mucho, acerca de la interrogante. Imaginemos un típico puesto de tacos, tortillas, carne adobada, asada, tripa, chorizo, res, lengua, labio… ahora la mesa, o en su defecto el comer parados frente al puesto. Ordenamos dos de tripa, dos de asada y dos de res, antes de comenzar a comer, les ponemos salsa encima, tenemos para escoger, salsa roja, salsa vede, de habanero… el chiste es ponerle un sabor extra a la carne contenida en la tortilla.

Al momento de morder el taco y masticar, de inmediato salta al paladar el sabor, la carne está bien, la tortilla igual, pero la salsa, ¿qué tiene de especial la salsa? Sencillamente se pueden identificar varias características, las cuales son análogas a los sucesos de la vida cotidiana. No todas las salsas pican igual, no todas hacen salivar, no todas tienen ese sazón tan especial y mucho menos no todas te hacen recordarlas cuando vas al baño después de hacer la digestión. Es por eso que se parecen a la vida cotidiana, no todas las personas, situaciones, cosas y demás, nos hacen “degustar” y sentirlas cuando las experimentamos. Sin embargo la pregunta versa sobre la forma de refutar una salsa, creo que me introduzco en un territorio inhóspito y escabroso pues, desde mi perspectiva, sólo se puede reflexionar y con el ejercicio constante de esta labor, modificar una actitud o conducta o hasta la propia existencia, más sin embargo, ¿refutar nuestra existencia? Eso es algo que muchos hemos intentado y considero que no se puede, al menos no en la manera que quisiéramos, por lo tanto concluyo que una salsa no se refuta, se debe acceder a su conocimiento por medio de la experimentación, si nos enchila, nos hace sudar, jadear, salivar o hacernos recordar su sabor a la hora de ir al baño, es cosa que se acepta y se intenta llevar un rumbo, lo mismo con la salsa, se come y se acepta el hecho innegable de que algo nos va a arder…

enero 05, 2007

ERES LIBRE AL FIN ¡¡¡¡¡



Algunas veces me pregunto acerca del por qué te odio tanto y una lagrima escurre por mi mejilla de manera automática, ¿será que eres un trago demasiado amargo o que simplemente soy tan irremediablemente tonto y frágil como para dejarte ir? Me lleno la cabeza de ideas, berreo en el rincón más gris de mi “cueva”, me tiro a contemplar la caída del sol en las tardes de este crudo Invierno. Miro fijamente al cielo y lo escupo, grito desconsolado, me arranco la piel y lucho contra mi maldito demonio interior mientras formuló la estrategia para poder tenerte cerca. Iluso me descubro, iracundo termino, maldición, ahora no sólo lucho contra este sentimiento sino contra toda esta maldita ansiedad pordiosera que aguarda cualquier migaja de flaqueza para hacerme sucumbir y sumergirme en sus horrendas honduras.

Me odio a mi mismo por dejarme ceñir a tu falda y por dejarme llevar por tu perfume, sí, ese aroma celestial de entre tus piernas, ese sabor y ese calor con tintes de ternura. Ahora de nuevo me hace presa este pensamiento, por qué te odio tanto, no lo sé o al menos no creo que quiera saberlo, no obstante puedo hablar de ti con los demás y no sentir ese escalofrío recorrer mi piel y ese extraño impulso de salir corriendo detrás tuyo y clavar cientos de veces el puñal del olvido tras bambalinas.

Es por eso que hoy he decidido dejarte ir, hacerte libre, liberarte de mi estúpida carga, no volver a reprocharte por haberme hundido en esta mierda llamada vida. Corre, piérdete en la bruma matutina, abandona esta cama y las sábanas blancas que se han teñido de negro desde tu partida, visita nuevos horizontes, abre las alas, alza el vuelo lejos de esta triste amargura, suelta este lastre llamado Mauricio. Quedas en libertad, totalmente libre de culpa…

enero 01, 2007

RECALENTADO

Hoy he ido a una comida familiar posterior a la celebración de fin de año, el famoso recalentado, había chicharrón en salsa verde, rajas, frijoles, queso fundido con chorizo y champiñones, chorizo, nopales con queso, en fin, una variedad de comida muy rara para la celebración, esto obviamente si lo comparamos con el estúpido estereotipo de cena de fin de año.

En la cena de ayer, mi tío, el cual es algo así como una repetidora de datos y noticias de las revistas y programas “culturales” de la escena de las telecomunicaciones respondió a un comentario que lanzó mi madre acerca de la muerte y por alguna razón, la cual desconozco, incluyó a Dios, cosa que me causó gran risa interior, él discutía la no existencia con fundamento en la nula percepción de él por medio de los sentidos lo cual obviamente me pareció algo chusco pues se tiró a una pelea sin argumentos y lo peor del caso, lo que parecía su carta fuerte, estaba sentada en una experiencia inexistente, no obstante, y con las respuestas para ponerle un buen “tapón de hocico”, me quedé callado y me dispuse a pasar un rato de cura, escuchando sus alegatos.

Las llamadas para felicitarnos por haber llegado a un año más no se hicieron esperar y una a una las familias lejanas y cercanas hicieron sonar el teléfono. Acto seguido las doce uvas, costumbre que se me hace tonta y en fin, todos estos rituales se me hacen un poco sosos, pero no hay más.

Me he quedado sin letras y palabras, continuaré después…

ELOGIO AL INFIERNO DE UNA DAMA. Charles Bukowski



Algunos perros que duermen de noche

deben soñar con huesos

y yo recuerdo tus huesos

en la carne

o mejor en ese vestido verde oscuro

y esos zapatos de tacón alto

negros y brillantes,

siempre puteabas

cuando estabas borracha,

tu pelo resbalaba por tu oreja

querías explotar

de todo lo que te atrapaba:

recuerdos podridos

de un pasado

podrido

y al final

escapaste

muriendo,

dejándome

con el presente

podrido

Hace 28 años

que estás

muerta

y sin embargo te recuerdo

mejor que a cualquiera

de las otras

fuiste la única

que comprendió

la futilidad

del arreglo con la vida

Las demás solo estaban

incómodas

con segmentos triviales,

criticando absurdamente

lo pequeño.

Jane, te asesinaron

por saber demasiado.

Vaya un trago

por tus huesos

con los que

este viejo perro

sueña todavía.




SIGO XXI... PATRAÑAS QUÉ ¡¡¡

No es cuestión de edad, no quiero decir que estoy viejo.

Sí, no puedo, ni me interesa esconder los años que me cargo, pero no es un asunto cronológico, en sí.

Es decir, soy hábil con las computadoras, el internet y las telecomunicaciones son mi pan de cada día, me encanta el psy trance, el metal, el rock progresivo, me fascina la comida insípida, creo en los frenos ABS, el Dolby Digital, Sytem Seround, es básico, no hay como los CDs y los DVDs y sólo uso pantallas planas. Aun así, con todo y todo, prefiero las cartas escritas en puño y letra, a los mails. Prefiero las agendas de papel, a las "Palm ". Todavía tengo un equipo de sonido para discos de acetato y cassettes, con sus respectivos álbumes en formatos cavernarios. Estoy de acuerdo con la publicidad que reza "una buena foto, se imprime", pero yo modificaría esa frase a
-Una buena foto, se revela en un cuarto oscuro y se le sacan varias copias, de diferentes tamaños, en papel fotográfico-

No sé, para mi que nada se compara con recibir un arreglo de flores naturales, de las que se mueren a los 5 días de haberlas recibido; y dependiendo del origen de las flores, se guarda una, entre las páginas de un libro grueso y se deja ahí, hasta que un día, 10 años mas tarde, descubrimos la florecita, seca y entonces, mágicamente se libera un millón de mariposas de colores y se nos resuelven los problemas de toda la semana . . .

Hoy en día, hay demasiadas formas de echar a perder una sorpresa, como el identificador de llamadas y las cámaras de seguridad.

Nada dice "lo siento" mejor que un chocolate. Ni si quiera un mensaje de voz, grabado en un reproductor de MP3 tiene el poder de convencimiento que tiene una caja de Bombones.¿Y qué, si nos engorda, nos saca celulitis y/o acné?, No es como que no existen millares de tratamientos y ungüentos, instantáneos que todo lo disimulan, curan y desaparecen . . .

Tal vez, yo soy uno de los pocos ejemplares del raro espécimen, que se reúne con sus amistades y después de un par de “copas de vino”, cantan las canciones de "El Tri" y los samples de "molotov":, discuten sobre cual fue el mejor capítulo de Mazinger-Z, tratan de imitar los gritos de Tarzan y Bird-Man, se burlan de los capítulos, por demás ridículos de "Candy", tratan de descifrar el significado oculto de "Los Pitufos" y cuentan anécdotas de lo que fue la preparatoria, para cerrar la noche, conmemorando los días -que no habrán sido pocos- en los que se empacharon comiendo tacos “filosóficos”.


Hoy en día, las mujeres (de 19) "andan" con los hombres (35, mínimo) y luego les hacen un examen otorinolaringológico, con la lengua, en público, como marcando su territorio (yo pensé que solo con una miada funcionaba eso), para que no se los "bajen". Buscan el lugar con mayor grado de dificultad (una hamaca, la bodeguita, el baño), para consumar los hechos y después contarle a media humanidad sobre la aventura.


Yo prefiero que, las chavas (de 15 en adelante) busquen un lugar oscuro y solitario para "detallarse" sin que se vuelva tema de discusión en panel, con moderador y anfitriones. . .

Sí!, lo admito, yo soy de esas personas ingenuas que se esfuerzan por creer que el romance está decorado de flores, chocolates y música y que con el destino, no se juega. Que las premoniciones, la intuición y las señales de humo, nada tienen que ver con el Feng-Shui y definitivamente creo que el Código Da Vinci, es el desperdicio de papel más grande, que jamás ha ocurrido en la historia de la literatura universal y la película, bueno. . . sin comentarios.

Para mí que hace más de 20 años, las cosas eran mas fáciles. Los deseos se manifestaban con palabras, los sentimientos se transmitían con miradas, las margaritas robadas del jardín del vecino decían "me traes cacheteando el pavimento" y las serenatas, despertaban a todos los vecinos, en las madrugadas del lunes, pero aseguraban idilios completos, para el par de weyes que nos interrumpían el sueño, al maullido de los mariachis.

Esas cosas ya no suceden en el siglo veintiuno. . .ahora la gente es mas práctica, todo se resuelve con. . . ¿tecnología?
Hasta las películas de Walt Disney, ya no son lo mismo. No tienen la "vida" que cobraban cuando eran dibujadas a mano.

Solo me resta suspirar. . .
- Cada vez que suspiro, se me muere un poco el alma- , dijo alguien. . .

diciembre 25, 2006

JAMES BROWN HA MUERTO


Me siento frente en mi escritorio y enciendo la computadora, como de costumbre, consulto las noticias, en el lapso de abrir el Firefox abro el Winamp y doy play a Try Me de James Brown, como si fuera premonición la nostalgia y el sentimiento de esta rola me arrancan una salada lagrima. Minimizo el Winamp y acudo al Firefox para leer las noticias del día, en un encabezado leo lo siguiente:

JAMES BROWN HA MUERTO

He quedado helado, petrificado, pasmado y sin poder hilar palabras por unos instantes, acto seguido telefoneo a un viejo amigo con el cual comparto material de James.

El teléfono da tres tonos y por fin, la voz de mi camarada me dice, ya te enteraste!!! Que mal pedo… es que en verdad sentí culero el hecho de que su majestad James Brown nos haya abandonado. Descansa en paz.

REPASO TURBO

No sé por qué, pero el día de hoy me sentí un poco raro, ebrio de razón, más no tenía la explicación, no es que ya la haya conseguido, es sólo que ya casi es hora de dormir y prefiero dejar que la duda se desvanezca con el sueño…

Tras no haber posteado nada en un tiempo, al menos no muy personal, creo que un recuento de los daños será más que suficiente para poder poner al día sus perversas, mórbidas y morbosas mentes. Para comenzar, fin de semestre, como es de esperarse me fue de la patada, no es que lo presuma ni pido compasión, es quizá que se acepta toda la lastima a granel. En lo personal, creo y comienzo a creer que creo demasiado, más no me puedo quejar. En lo social he recuperado un poco del terreno perdido y poco a poco regreso a una correlación con la demás gente que habita esta basura llamada vida.

En estos días he frecuentado mucho el Coligrafo, bar a todo dar que está a la vuelta del hotel América y que es atendido por la budita y por su jefatura, precioso lugar, ameno, tranquilo, lo suelo comparar con las reuniones en casa de un amigo que vive solo, buena vibra y larga vida a los coligrafos.

ALGO ACERCA DEL "MAGISTER"

El caso de Cioran es un caso único de individualismo en filosofía. Cioran no construye ningún sistema filosófico, ni tampoco lo desconstruye. Un filósofo así es un filósofo sin discípulos ni maestros. Él mismo es a un tiempo discípulo y maestro de sí mismo. Y con razón Cioran temía más a los discípulos, a los seguidores, que a los detractores, pues son aquellos los que primero corrompen un pensamiento. Y cuando se trata de un pensamiento sobre la corrupción, y por añadidura de un pensamiento corrupto, los malentendidos se multiplican. Aunque quizás decir que el pensamiento de Cioran es un pensamiento asistemático no sea más que repetir un tópico y un error redundante, pues tal vez no haya pensamiento más obsesivamente sistemático que el suyo. No hay nada que Cioran no pase por el cedazo de la duda, del escepticismo, de la sospecha. Ninguna creencia, ninguna idea, ninguna convicción están a salvo. Cioran, para decirlo de una forma cartesiana, no duda por sistema sino que duda del sistema mismo. “Nunca he comprendido que se pueda dudar por método”, escribió en sus Cuadernos. O dicho con mayor propiedad, no duda, está convencido de la falsedad, de la vacuidad, del sinsentido; pero también de que no hay nada fuera de él, de que no hay recambio posible, de que todas las alternativas son la misma alternativa vista bajo diferentes luces. Si hay un destino, “palabra selecta en la terminología de los vencidos”, ése sería el destino.

A Cioran se le ha tachado de nihilista, escéptico, pesimista, místico o cínico. Evidentemente no es ninguna de esas cosas, pero sólo en el sentido de que podría serlas todas, incluso en ocasiones, todas a la vez. Anti-filósofo, como él mismo se definió en alguna ocasión, su obra, sin lugar a tudas una de las más lúcidas del siglo XX, ocupa un lugar de excepción. Una obra al margen de la filosofía, como él fue un hombre al margen de la sociedad, pero sin renunciar ni a la una ni a la otra y manteniendo con ambas extrañas relaciones, extrañas complicidades. Quien consideraba las definiciones como la tumba de las cosas, difícilmente iba a permitirse encajar en ninguna.

El místico es el hombre en el que ha prendido el sentimiento de la muerte, sentimiento que para Cioran es el único criterio que divide tajantemente a los hombres en dos clases irreconciliables entre sí. Todas las demás divisiones y clasificaciones son intercambiables, es decir, un día el hombre puede estar en una determinada clase y al día siguiente pasar a otra, incluso a la clase contraria y seguir siendo el mismo hombre: sus determinaciones no le cambian sustancialmente, digamos que se aclimata a la nueva situación. Pero el hombre que sabe que debe morir y vive sabiéndolo, pues el otro aunque también lo sabe vive como si no lo supiera, vive una vida diferente, una vida que transmuta paradójicamente la obsesión por la muerte por la obsesión por la vida. Y esta pasión extremada por la vida, esta voluptuosidad frenética, es la esencia misma del misticismo. Tengo el “sentimiento místico de mi indignidad y de mi decadencia”, escribió, también en sus Cuadernos. El místico no puede vivir en el mundo, sabe que la “realidad es una creación de nuestros excesos, de nuestras desmesuras y de nuestros desarreglos”, pero tampoco puede vivir fuera de él. ¿Vive entonces al margen, en los márgenes del mundo? Podría ser; así vivió en cierto modo Cioran, en un estado de contemplación de la existencia, entre la decepción y el desengaño. Pues el hombre nos decepciona, sus empresas, sus deseos, incluso sus sufrimientos, son siempre limitados, absurdos, o ridículos; pero es la humanidad la que nos desengaña, ya que no tiene finalidad alguna. Cuando se produce el desengaño, ese sentimiento singular que nada tiene que ver con su plural, los desengaños, y ni siquiera con la suma de todos ellos, si el desengaño ha sido sincero, se asiste al espectáculo de la propia vida. “Y lo más inmediato es sentir y amar mi propia miseria, mi congoja, compadecerme de mí mismo, tenerme a mí mismo amor. Y esta compasión, cuando es viva y superabundante, se vierte de mí a los demás, y del exceso de mi compasión propia, compadezco a mis prójimos. La miseria propia es tanta, que la compasión que hacia mí mismo me despierta se me desborda de pronto, revelándome la miseria universal”. Pero el desengaño también es fruto de la pasión y no de la ciencia, de la razón, como podría presumirse. La ciencia y la razón engañan, incluso cuando dicen la verdad, tal vez sobre todo cuando dicen la verdad, pero no desengañan nunca. El desengañado no es un descreído, ni tampoco un incrédulo, sino alguien que cree en la nada, y en consecuencia en lo imposible. “La pasión es como el dolor, y como el dolor, crea su objeto. Es más fácil al fuego hallar combustible que al combustible fuego”, escribía Unamuno.

El desengaño, al que sólo está expuesto el hombre que ha esperado algo, es decir, el hombre que ha tenido esperanza, y la esperanza en el fondo no es más que un anhelo de fe, tiene sólo dos vías, dos soluciones: el misticismo o el nihilismo. Y Cioran, que entre el amor que es sufrimiento, que es dolor y sustancia de la vida, y la dicha que es un estado de satisfacción y conformidad con la existencia, había elegido, o había sido elegido por el amor, no tiene más salida que por las alturas, es decir, el misticismo. ¿Un místico nihilista? Bien pudiera ser en su caso, acostumbrado a moverse entre las contradicciones más afiladas. Y la contradicción entre el deseo y el pensamiento era tal vez la que más le atormentaba. Por otra parte, nadie ha hablado con más desprecio del amor que Cioran. Imposibilidad suprema, compendio y resumen de todas las imposibilidades; pero recordemos que sólo lo imposible le despertaba algún interés, que sólo las tareas imposibles le eran dignas de admiración.

El desengaño a su vez destila la amargura, un sentimiento noble para Cioran, tal vez el único que se reconoce, pues la pereza, el hastío, no son sentimientos, son sus virtudes y, por encima de todas las virtudes, la virtud máxima por excelencia: la indiferencia. Para Cioran la indiferencia es una virtud virtuosa, si es que puede hablarse así, o un vicio virtuoso, “más noble que todas las virtudes”, como la duda y la pereza que para Cioran no son más que un catálogo de patologías. La indiferencia es lo único que nos preserva del fanatismo, “tara capital”, causa de todos los males del hombre. Pero se trata sobre todo de la indiferencia hacia la razón, pues la pasión no deja indiferente nunca a Cioran. En realidad, aunque él no lo diga con estas palabras, él prefiere llamarla enfermedad, la pasión es lo que sostiene su escritura y viceversa. “Tengo la pasión de la indiferencia”.

Entre el 24 de julio y el 28 de agosto Cioran no escribe nada en sus Cuadernos (presumiblemente dejados en París). La primera anotación de ese 28 de agosto de 1966 dice escuetamente: “Vuelta de Ibiza: sólo soy capaz de una forma de valor: el valor de desesperar. (¡Siempre lo mismo!)”. el 19 de noviembre de ese mismo año (1966) escribe: “Tendré que decidirme de una vez a escribir La noche de Talamanca, proyecto que he abandonado vergonzosamente. El 5 de septiembre había escrito: “Un atardecer en Ibiza, solo frente al mar, experimenté de una forma aguda el sentimiento del absurdo del honor o, si se prefiere, de la honorabilidad”. El Cuaderno de Talamanca está formado por las notas que tomara Cioran el verano de 1966 en Talamanca, un pequeño pueblecito de Ibiza. “Es el testimonio de una crisis” dice su editora Verena von der Heyden-Rynsch, pero es que la obra toda de Cioran es el testimonio de una crisis como nos demuestran el resto de sus libros. No es fácil de digerir el conocimiento sin esperanza.

Hay autores sobre los que se puede escribir, incluso cuando su obra es prácticamente ilegible, son la mayoría, y otros, en cambio, una minoría, a los que se les puede leer pero no se puede escribir nada seguro de ellos. Cioran es uno de estos autores. No se trata sólo de que hayan dicho la última palabra sobre su obra, es que su obra niega, refuta, fulmina cualquier comentario que se haga sobre ella, uno escribe por ejemplo: el pensamiento de Cioran es la más radical refutación del racionalismo consolador de la filosofía. Y un buen día releyéndole se topa con un “Yo lo que soy en el fondo es un racionalista”. Y si corrige la frase, tacha racionalismo y lo sustituye por irracionalismo, días después puede toparse con la frase: “Debo a mi irracionalismo mis raros momentos de lucidez”. Y lo más turbador de todo es que te das cuenta de que él no se contradice mientras que tú sí. Que no es que haya ejercido ese derecho, inalienable al parecer, a la contradicción, sino que en su caso lo ha considerado un deber.

El hombre considera que tiene derecho a contradecirse, a afirmar y negar las mismas cosas alternativamente según su conveniencia o su capricho, o simplemente su memoria, y a pesar de ello sigue teniendo a la razón en un pedestal y reverenciando a la verdad. Tal vez porque la razón ha inventado la contradicción y no haya nada más contradictorio que la verdad. Sus pasiones son impermeables a sus convicciones porque ni las unas ni las otras son sinceras, no son más que deseos y opiniones, y en la mayoría de los casos ni siquiera propios. Y a esa conciencia de que nada nos pertenece es a lo que no puede resignarse el hombre. Dicho de otro modo: el hombre puede resignarse a todo menos a la nada. Y la resignación es una forma de creencia como la creencia es una forma de resignación. Naturalmente, creer en nada es un contrasentido.

Sólo prospera, sólo fructifica, lo que se hace a medias. Las medias verdades son más digeribles por el hombre que la verdad desnuda, que suele serle indigesta. Un exceso de pureza, de perfección, siempre tiene algo de repulsivo, de falso, de hipócrita. El pensamiento, cuando se obstina en llegar al fondo de las cosas, se aniquila. Nos falta el aire en las profundidades y en las cumbres es demasiado puro. “Ir demasiado lejos es dar infaliblemente una prueba de mal gusto” dice Cioran, pero ir hasta el final significa perecer: la nada no tolera encontrarse consigo misma. Una nada enfrentada a nada, pensamiento absurdo donde los haya (“una nada trabajando en nada” Hegel), como un pensamiento enfrentado al pensamiento. El lenguaje sirve para pensar, pensar sobre el lenguaje es una perversión. Una doble perversión, como lo son todas cuando lo que se pervierte es la función originaria, a la vez del pensamiento y del lenguaje.

“ ‘Sentí un funeral en mi cerebro’ —cita Cioran de su querida Emily Dickinson—. Yo podría añadir como Mademoiselle de Lespinasse: ‘En todos los instantes de mi vida’. Perpetuos funerales del espíritu”

diciembre 21, 2006

EL TERRERO 2006

El pasado domingo mientras los demás dormían, tres idiotas se preparaban para lo que sería un día cargado de emociones y una aventura totalmente fuera de borda. Corrían las 6:45 AM y Neri y yo nos encontrábamos en el primer punto reunión para dirigirnos a la casa de Mesina, llegamos y subimos las bicicletas y el equipo a su camioneta y emprendimos el camino hacia Soriana, que es el punto donde quedaron de verse los que se supone iban a acampar allá arriba, en El Terrero.

Llegamos, estacionamos y de inmediato Javier, el dizque encargado, nos puso cara de fuchi y de inmediato nos quiso enjaretar los garrafones y algunas otras cosas para que las subiéramos en la camioneta pero se la peló, pues de inmediato le dijimos que no, que íbamos cuidando nuestras bicis, por lo que se enojó bastante.

Ahora nos encontrábamos ya en camino y subiendo hacía la reserva de la biosfera de la sierra de Manantlán. Llegamos a El Terrero y bajamos las bicis para dar un paseo introductoria de lo que sería el descenso de dicha sierra. Fuimos al “saco del queso” y pude ver venados y demás fauna corrosiva… sobre esto no hay mucho que contar, sólo que hacía mucho frío y estaba insoportable. Regresamos a donde dejamos la camioneta y nos preparamos apara comenzar a bajar… partimos.

Campo uno, todo bien, el frío golpeaba y calaba los huesos, el viento soplaba y silbaba en las ramas de los pinos. Los kilómetros transcurrían uno a uno así como los minutos que parecían no tener fin. La desviación a Lagunitas, maldición, que frío, el camino aún no comenzaba a escarparse tanto y el descenso aún no llegaba del todo. De pronto la cordillera de la sierra, los volcanes majestuosos de fondo durante el trayecto, algunos animales circulando en torno nuestro, los coyotes aullando en señal de nuestra intrusión en su territorio. Inevitable el tener que detenernos y contemplar la monumental y sorprendente vista, en mi vida había sido testigo de tan tremendo espectáculo, los sentidos estaban omnibulados y la razón entorpecida.

Continuamos con el descenso, ahora sí, el camino lleno de grava, piedras, baches, cunetas, saltos, tierra suelta y demás complicaciones nos comenzó a mermar, no obstante mantuvimos el paso impetuoso y la velocidad se podía sentir correr a través de nuestros neumáticos. Así corrieron los largos kilómetros hasta campo cuatro, ya bastante mermados y cansados no nos quedaba más que aguantar leña y seguir cuesta abajo en nuestras ya tres horas y media de recorrido. Por fin llegamos a la carretera y el cruce de Juluapan, los brazos derrotados, las piernas entumidas, el corazón agitado, los pulmones adoloridos y la piel reseca como muestra de la fría hazaña. Para variar Mesina no llegó por nosotros y tuvimos que pedir un aventón.

En total hicimos cuatro horas veintidós minutos de El Terrero hasta Juluapan, en verdad que es pesado y cansado el recorrido pero brinda la oportunidad de un acercamiento con lo que está a punto de desaparecer, el medio ambiente y su fauna. Gracias a los que estuvieron ese día ahí, Neri y Mesina, por confiar en mi y no dejarnos atrás nunca y saludos a las paletas de hielo, jajaja, ósea, los que acamparon y al gay de Javier por su tan chafa proyecto.

diciembre 11, 2006

OTRO INVIERNO CRUDO...

Este invierno ventoso y húmedo descubro repentino, que un fugaz silencio me adorna el frío de tu ausencia con lentejuelas brillantes y suntuosas como aquellas semillas de luz que sembramos un día en el jardín secreto de nuestro idilio.

Un niño huérfano convertido en ave alza vuelo y canta. Hoy sin quererlo yo, ha amanecido el cielo gris, de nieve contenido, y mis pupilas se me han nublado con un resplandor de magia. Una sola lágrima azul ha alborotado las cenizas durmientes del Fénix que asesinaste aquella tarde con tus blancas manos de amante.

La melancolía matutina de este día de sombras ha despertado antes que yo, y a ojos ciegos va persiguiendo tu ombligo, haciendo tumbos en cada recoveco de tu cuerpo desnudo y silencioso como una nube perdida. Tu espalda, perenne y efímera en mí recuerdo, cansada de llevar encima un universo entero, yace tendida de medio lado como herida de muerte por la tenaz espada del tiempo.

Esta mañana fría, un duende azul ha renacido y abriendo un hoyo sangrante en mi pecho va viajando por el ancho mundo sostenido de una hoja muerta que resume nuestra historia. Ahí va; sobrevolando sereno todos aquellos paisajes olvidados, impulsado por el diáfano viento que liberó el triste recuerdo de tus ojos que tantas noches insomnes reventaron en ráfagas tempestuosas de llanto.

Tu voz ha bastado para cubrir de escarcha luminosa el vidrio de la ventana de mi pecho. Naufrago a la deriva entre mis cansados sesos es tu recuerdo malherido y doliente. Mis manos se me han vuelto las sombras de encorvados ancianos convalecientes, y como veleros arrepentidos, de esos que navegan malditos en viejas leyendas de puerto, van danzando en delirio entre delfines muertos en medio del oleaje de otro Diciembre sin motivo.

diciembre 10, 2006

A MIS DESTRUCTORES...

Este sórdido sonido que no me deja dormir, este frío sudor maldito, esta horrible sensación, angustia, no lo puedo creer, estos días no he podido hilar horas amenas de sueño, maldita sea la hora en que conocí este sentimiento. Estos días que se supone serían bastante buenos, corren impetuosos, ensalzados en glorias pasadas y futuras derrotas.

Me aterra la idea del mañana, a veces cuando pienso en el día de mañana la angustia y esta maldita ansiedad me hace su presa y termino sentado en un rincón llorando al borde del suicidio. Algo me mantiene vivo más no puedo identificarlo.

Las palabras provienen de una extraña caja que guardo en mis adentros, es ahí donde el verbo se conjuga y mi razón clama por el alivio de las sensaciones “mundanas” y que llegan a quebrarla la mayoría de las veces.

Los pasados días han transcurrido tan distantes, siento que no los he vivido, apenas si recuerdo lo que hice el día anterior, me frustra tener que sentirme así, aparte de ser extremadamente cansado. No he escrito, mi mente se ha bloqueado, he abandonado por unos días la labor de escribir y actualizar el blog, sinceramente vivo en una tormenta en este momento, paciencia les pido, no olviden que antaño reí junto a ustedes, no me maten, toleren mi entupida condición y de ser necesario sientan lastima por esta mundanidad atormentada.

diciembre 02, 2006

PARA NETO, HUGO Y QUIEN SE QUIERA UNIR AL TEMA...

Salve Neto, recibe salutaciones desde mi pequeña isla perdida en el gran océano de la infranqueable ansiedad post-soledad. Con singular entusiasmo leo que retomas el tema de las “amarras” con el muelle de la cordura y la vida social, me parece perfecto y te apoyo cien por ciento, sólo que me salta al camino una duda. Qué pasa si al individuo le gusta sentir y vivir su extraña y eremita condición, sé que suena un poco mórbido, sin embargo creo que existe una sola rama de nuestra amada “raíz madre” que puede ofrecernos una especie de alivio, sólo para evitar el termino angustia, y ese es el existencialismo. En verdad que nos hace falta una reconceptualización, como decía el Dr. Omer, entender o reinterpretar al hombre desde una perspectiva incluyente, fíjate mi Neto que podemos lanzar un analogía con kierkegaard en su existencialismo cuando dice que un existencialista es un hombre pleno, alejado de cosas que le dañen, no atenta contra su vida y es Ética y Moralmente recto, pues primero se debe “alinear” la propia existencia para poder “alinear” la de alguien más. En este punto se cruza con lo que decía uno de los asistentes a la mesa, una postura incluyente.

A continuación cito tus palabras hacia Hugo.

"La angustia proviene de una constante huida del yo que desagrada, que parece incompleto y nos mantiene en una constante saturación de cosas externas, emociones, sensaciones, "el infierno son los otros" lo que parece completarnos, los que parecen no sufrir. ¿Pero eso tiene sentido?".

Ahora cito algunos fragmentos de lo de Hugo para tener una referencia.

“La vida no se trata de tener un orden, un sentido es solo de complementar la existencia y ya con eso cumples, no tienes la finalidad de ser feliz, de ser triste, de ser enojón, de ser un huevón etc etc etc, de nada.”

Retomemos a Kierkegaard. Primero enderezar la propia existencia, superarse a mí mismo, como yo le llamo, pero al parecer Hugo sostiene una lucha interna con un conflicto de identidad que no lo deja, esto Hugo, es la respuesta que te prometí acerca de tu “estado”. Por eso no considero que su respuesta sea un buen punto de partida para iniciar ese proceso, solamente se encuentra dando tumbos en un cuarto oscuro sin puerta.

diciembre 01, 2006

QUÉ RÁPIDO LLEGÓ DICIEMBRE ¡¡¡


CREO QUE FUE EN DICIEMBRE CUANDO TE PERDÍ

EN EL OSCURO RINCÓN DONDE LOS DESEOS CRECEN…

QUÉ RÁPIDO LLEGÓ DICIEMBRE. OTRA VEZ EL LÍO DE SIEMPRE, TÚ SIN MI YO SIN TI, FRÍO Y ARDIENTE…



Hoy visité el cementerio, caminé por sus pasillos como buscando algo. El viento acariciaba mi piel y las hojas volaban como señal del infranqueable frío invernal.

Los recuerdos acorralaban a la razón, no podía más, tenía que detener ese tormento, huir, conseguir serenidad en medio de todo ese caos que ametrallaba mi conciencia y mutilaba mí sin razón. Mi corazón latía tan rápido como podía, mi cordura rayaba la locura, quería arrancarme la piel, desgarrarme el un fatal olvido. Cerrar la puerta y no mirar atrás. Caminar entre los muertos y escupirte a la cara una vez más.

Al pasar a un lado de tu maldita tumba pude leer por milésima ocasión el epitafio y caí en cuenta igual número de veces que todo carecía de sentido sin ti, sin tus alas levantando vuelo entre las suaves sábanas a la luz de la media noche, tus pétalos ya no rodeaban la flor y el néctar escaso o nulo no me regalaba ni gota de su agrio perfume. Te odié por hacerme sentir así, grité a los cuatro vientos que deseaba hacer pacto con la muerte para dejar de pensarte, más al ofrecerle mi oferta me dijo que no podía, que mi idea de ti me perseguiría por el resto de mi tonta y vacía existencia.

Que rápido llegó Diciembre, frío y ardiente. Otra vez el lío de siempre. Tú sin mí yo sin ti. Odio sentirme así, la frustración es cada vez más grande, florece en las estepas de la desesperación.

Sólo toma el arma, apunta y dispara, no quiero sentir dolor, sólo quiero verme caer en el espejo…

SEMANA CULTURAL ????

El día de hoy me lancé a la facultad de Filosofía de la cual soy alumno no muy regular yo diría, jajaja, en fin, se está llevando a cabo la semana cultural, la cual constó de dos miserables días atascados de conferencias y de una proyección de la cinta BLADE RUNNER la cual creo que vi en mi ya lejana y turbada infancia.

La verdad es que el día de ayer miércoles no me paré más que un rato por allá, pues andaba con Clau y el Neri rolando y perdiendo un poco el tiempo. Pero el día de hoy llegué un poco tarde después de una fallida asistencia a una reunión del grupo de trabajo del proyecto de El Terrero que se llevará a cabo en próximas fechas y que promete ser alo sin precedentes, también es una oportunidad de realizar un descenso en bicicleta, lo cual me llena de gusto pues nunca me he aventado un descenso tan largo y agresivo, downhill al más puro estilo. Retomando el día de hoy les cuento que llegué tarde a ña primera conferencia, la cual estaba siendo impartida por la Maestra Emilia Luna Zamora, que desde mi humilde parecer es una señorona en toda la extensión de la palabra, tanto por su carácter, actitud y por sobre todo por su amplio saber acerca de temas filosóficos y por ende sociales. Después de eso me chuté una rica torta de lomo adobado en compañía del Asfixias (Neto), y nos metimos a una mesa, el tema giraba entorno al cuestionamiento acerca de hacia dónde vamos. Asistieron cuatro personajes: el Dr. Omer, el director de Psicología, un matemático chiflado y un Dr. en proceso de titulación en derecho ambiental.

Primero el director de Psicología habló acerca del papel de su área en el futuro del humano, después el Dr. Omer se sacó algo de la manga, citando a Schopenhauer con lo cual sustentó su idea del hombre como razonable y sensible y desde ahí lanzar una crítica hacia el sistema de mercado actual. Esto llevó más adelante a llegar a la conclusión de que el antropocentrismo generado a partir de los socráticos está mal interpretado pues coloca en el centro al humano y trata de resolver y de entender al mundo desde esta postura, sin embargo Omer nos hizo notar que si se toma una interpretación diferente acerca de los presocráticos podremos lograr grandes avances, algo con lo que, de manera muy personal, estoy de acuerdo. Sobre todo cuando intervino el Dr. en derecho ambiental al hablar acerca de una postura biocentrista, dejando claro que es tiempo de dar marcha atrás y volver sobre nuestros pasos para poder corregir errores y tomar el control de lo que aparentemente ya no lo tiene. Enseguida el matemático se lanzó al ruedo hablando acerca de que la matemática está en crisis gracias a un teorema de un desquehacerado polaco que puso en jaque todo el sistema de las Matemáticas y por ende las reformó y llevó a crisis.

Desde este punto es que el Matemático habló acerca del gran error de las matemáticas, más no de su derrumbe, si no de cómo esto ha servido para dar marcha atrás y volver sobre los pasos para poder corregir. He aquí el claro ejemplo de que se puede corregir el rumbo de este gran barco que parece estar a unas cuantas olas de sucumbir en las profundas aguas de la destrucción y la tragedia humana.

Para terminar pronto, logramos estar sobre la misma línea al hablar acerca de que se necesita un rescate a la vos de ya y que este se puede dar sólo a través de las humanidades, comenzando por una Ética y una moral que sean incluyentes a la hora de crear nuevos sistemas morales y éticos.